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¿Vives en una casa sana?

Bonita, asequible, luminosa, bien comunicada ... Son los principales aspectos que tenemos en cuenta al buscar una vivienda. Pero hay otro valor en el que no nos fijamos y que es muy importancia: que la casa sea sana, para que la "salud" del hogar repercute en nuestra salud y nuestro bienestar.

De ello se ocupa la biohabitabilidad, que parte de la geobiología para procurar casas que garanticen la calidad de vida a sus habitantes. Para ello, analiza factores como las circunstancias naturales y artificiales del entorno, los materiales empleados en la construcción, la calidad del aire o la iluminación.

El primer aspecto que valora la biohabitabilidad es el emplazamiento de la vivienda. Una casa sana elegirá un entorno lo más natural posible y, sobre todo, saludable. Esto significa huir de elementos que causen contaminación ambiental (vertederos o incineradoras, por ejemplo), electromagnética (líneas de alta tensión o antenas de telefonía móvil) o acústica; así como de las radiaciones naturales.

Una casa sana también evita la contaminación en el interior producida, por ejemplo, por campos electromagnéticos o por la electricidad estática. Y lo consigue alejando las fuentes que pueden provocar esta contaminación o realizando instalaciones eléctricas correctas.

Todos los elementos utilizados en una vivienda de este tipo deben ser sanos, desde los materiales de construcción hasta la pintura. También lo deberían ser los muebles y los objetos de decoración. Por sanos entiende que respeten el medio ambiente y no contengan compuestos químicos potencialmente tóxicos.

Esta última condición se aplica igualmente a los productos de limpieza para el hogar, con el objetivo es garantizar la calidad del aire interior. Para ello también se procura renovar el aire constantemente y se purifica haciendo un extenso uso de las plantas.

Además, la biohabitabilidad sigue criterios de la bioconstrucción e intenta aprovechar recursos naturales para climatizar la casa: por ejemplo, instalar amplios ventanales para sacar el máximo partido a la luz natural o favorecer la ventilación cruzada para que no haya que usar el aire acondicionado. Por lo tanto, una vivienda sano también es ecoeficiente.